
La paz es mucho más que la ausencia de guerra. Es la capacidad de convivir a pesar de nuestras diferencias —de sexo, raza, idioma, religión o cultura— y defender al mismo tiempo la justicia y los derechos humanos que hacen posible esa convivencia. Es un proceso continuo y un objetivo a largo plazo que exige el cuidado constante, la vigilancia y la participación activa de todas las personas.
Como uno de los cinco pilares de la Agenda 2030 —junto con las personas, el planeta, la prosperidad y las alianzas—, la paz es fundamental para la visión en conjunto de la Agenda. El preámbulo subraya el objetivo de fomentar sociedades pacíficas, justas e inclusivas, libres de miedo y violencia.
En un clima de creciente inestabilidad y conflictos a nivel mundial, el Día Internacional de la Convivencia pacífica sirve de plataforma para crear conciencia sobre la diversidad de culturas, valores, formas de vida y creencias, y para destacar el papel de la educación en la promoción de la tolerancia.
Esta celebración ofrece también a la comunidad internacional la oportunidad de reafirmar su compromiso con los propósitos y principios fundacionales de las Naciones Unidas, consagrados en acuerdos y declaraciones internacionales a lo largo de los años.