
Estas semillas son uno de los pilares de la alimentación humana desde hace milenios, debido a que son económicas, fáciles de almacenar y nutricionalmente muy completas. Pero cobraron aún mayor relevancia en 2016, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas lo proclamó Año Internacional de las Legumbres.
Las legumbres son las semillas comestibles de las plantas leguminosas. Aunque los frijoles o alubias son las más populares en nuestra mesa, existe una inmensa variedad de semillas que ofrecen soluciones a la seguridad alimentaria de nuestro tiempo.
Proporciona nutrición de calidad. Son fuentes de vitaminas y minerales, esenciales para combatir la malnutrición.
Contribuyen a la sostenibilidad ambiental. A diferencia de otros cultivos que agotan la tierra, las legumbres fijan el nitrógeno del aire en el suelo. Esto mejora la fertilidad de la tierra de forma natural, reduce la necesidad de fertilizantes químicos y aumenta la biodiversidad.
Aportan a la seguridad alimentaria. Tienen una larga vida en almacén, reduciendo el desperdicio y garantizando reservas de comida.
Son un motor económico social. Su producción genera empleo y oportunidades para mujeres y jóvenes en las zonas rurales.
En nuestro país, el frijol es la legumbre —de raíz a vaina— más consumida y es la base de nuestra alimentación. No es solo un ingrediente de nuestra gastronomía, es cultura y sustento.
Celebrar el Día Mundial de las Legumbres es reconocer que la solución a grandes desafíos —como el hambre, el cambio climático y la pobreza rural— empieza en el campo y termina en nuestro plato.