
El análisis señala el creciente papel de las prácticas contables en la configuración de las cifras reportadas de financiación climática. Sin normas más claras, los cambios en la presentación de informes pueden indicar de manera engañosa que se proveen más fondos, incluso cuando los compromisos financieros subyacentes permanecen en gran medida sin cambios. El informe también destaca que la financiación climática se ofrece en un contexto de crecientes presiones fiscales y prioridades de gasto en competencia en muchos países donantes, lo que hace que la contabilidad transparente y la presentación de informes creíbles sean aún más importantes.
A medida que los países trabajan para movilizar 1,3 billones de dólares anuales en financiación climática para 2035, garantizar que el apoyo a las economías en desarrollo sea real, medible y verdaderamente adicional se ha convertido en una prueba clave para el sistema mundial de financiación climática. En los debates sobre financiación climática, "adicionalidad" se refiere a fondos nuevos y que se proporcionan además de los compromisos existentes de ayuda al desarrollo, en lugar de ser renombrados dentro de presupuestos ya existentes.
En la práctica, gran parte del gasto relacionado con el clima sigue proviniendo del mismo conjunto de recursos de la asistencia al desarrollo, más que representar flujos financieros nuevos. El informe examina la relación entre la financiación climática, la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) y los flujos financieros de desarrollo más amplios desde 2009, cuando los países acordaron movilizar 100.000 millones de dólares anuales para la acción climática en las economías en desarrollo. La AOD aumentó de 133.000 millones de dólares en 2009 a 235.000 millones de dólares en 2023. Sin embargo, al excluir los gastos en costos de refugiados en los propios países donantes y el apoyo a Ucrania, la AOD como proporción de la renta nacional bruta (RNB) de los países donantes bajó del 0,33% al 0,30%.
La disminución es más pronunciada para la asistencia al desarrollo no climática. Ajustada por el gasto marcado como climático, la AOD no climática cayó del 0,31% de la RNB en 2009 al 0,25% en 2023. Estas tendencias sugieren que la financiación climática cada vez se provee más a expensas de otras prioridades de desarrollo en lugar de agregarse a los compromisos de ayuda ya existentes. Bajo el criterio más estricto —financiación proporcionada por encima del tradicional objetivo del 0,7% de la RNB como AOD— solo un pequeño número de proveedores ofrece financiación climática que puede considerarse claramente adicional.
El informe destaca la doble contabilización generalizada entre financiación climática y asistencia al desarrollo, ya que muchos proyectos de desarrollo también se cuentan como parte de los compromisos climáticos. Si bien los objetivos climáticos y de desarrollo suelen coincidir, esta práctica puede inflar los totales reportados sin aumentar los recursos reales disponibles para los países en desarrollo. Los cambios en la clasificación de proyectos también han contribuido a aumentar los totales. La AOD bilateral con "marcador de Río" para objetivos climáticos subió de 5.700 millones de dólares en 2009 a 27.700 millones de dólares en 2023, mientras que la proporción de AOD bilateral clasificada como relacionada con el clima aumentó del 6% a casi el 16%. Gran parte de este aumento refleja proyectos en los que el clima es uno de varios objetivos y no el principal foco.
Para los países en desarrollo, hay mucho en juego mientras los gobiernos buscan hacer frente a los impactos del cambio climático y avanzar a la vez en metas de desarrollo más amplias. El informe llama a una mayor transparencia, definiciones más claras y normas contables comunes para evitar la doble contabilización y mejorar la comparabilidad entre proveedores. También insta a los países desarrollados a cumplir tanto con sus compromisos de AOD como con sus metas de financiación climática, al tiempo que aumentan los flujos financieros de modo que la financiación climática apoye —y no compita con— las prioridades de desarrollo.
Cumplir con el objetivo de 1,3 billones de dólares en financiación climática requerirá un apoyo financiero transparente y creíble que restaure la confianza y garantice que el sistema aporte recursos reales a los países en desarrollo.