
Las perspectivas de crecimiento económico se ven presionadas en todo el mundo, debido tanto a la incertidumbre a corto plazo vinculada a las tensiones geopolíticas como a los desafíos a largo plazo del bajo crecimiento de la productividad, la débil inversión y dinamismo empresarial, la escasez de mano de obra cualificada y el envejecimiento de la población. Existe una necesidad urgente de reactivar el impulso reformista, tomando medidas para impulsar los motores estructurales del crecimiento y garantizar que las economías sigan siendo competitivas y resilientes en un panorama global en rápida transformación, según un nuevo informe de la OCDE.
La primera edición de Fundamentos para el Crecimiento y la Competitividad, proporciona una herramienta basada en la evidencia para que los países implementen reformas estructurales que mejoren la productividad. La nueva iniciativa de la OCDE identifica tres áreas prioritarias de reforma estructural generales: factores facilitadores , que incluyen el capital humano, la gobernanza, la infraestructura y la política macroeconómica; incentivos de mercado y eficiencia asignativa , que abarcan la fiscalidad, las regulaciones del mercado de productos y del mercado laboral, el comercio y la inversión extranjera directa; y medidas específicas y sectoriales que incluyen el apoyo a la innovación y la seguridad energética.
Las reformas estructurales que impulsan el crecimiento funcionan mejor cuando son integrales y refuerzan las áreas políticas relacionadas. Esto incluye proporcionar condiciones propicias sólidas, como capital humano de alta calidad, instituciones sólidas, gobernanza eficaz, infraestructura confiable y estabilidad macroeconómica.
A medida que la digitalización y la IA transforman la producción y el trabajo, es fundamental responder a la rápida evolución de la demanda de habilidades para aprovechar el potencial de estas tecnologías. Una de las principales barreras para la adopción productiva de la IA es la falta de trabajadores con las habilidades adecuadas. Un análisis de la OCDE sugiere que la IA podría aumentar el crecimiento anual de la productividad laboral en los países de la OCDE entre 0,7 y 1,2 puntos porcentuales por año durante la próxima década, dependiendo de la velocidad de adopción. La agenda de habilidades debe centrarse en adaptar los planes de estudio de la educación académica y vocacional, ampliar el acceso al aprendizaje permanente y fortalecer los vínculos entre las universidades y los mercados laborales. Los mercados deben funcionar de manera eficiente para garantizar que el trabajo y el capital se asignen a sus usos más productivos. Abordar las barreras excesivas para la entrada de empresas y el crecimiento posterior de las empresas exitosas, las regulaciones restrictivas del mercado de productos y los regímenes de insolvencia ineficientes impulsaría el dinamismo empresarial y aceleraría la reasignación de capital y trabajo.
Con las condiciones adecuadas, los gobiernos pueden implementar estrategias económicas con mayor éxito. La política de innovación, la seguridad energética y la transición hacia las energías renovables son áreas donde las intervenciones bien diseñadas y específicas pueden corregir las fallas del mercado y alinear el crecimiento con los objetivos sociales a largo plazo. El apoyo público a la investigación y el desarrollo, combinado con un sólido capital humano y mercados competitivos, puede potenciar las ganancias de productividad. Las reformas del mercado energético que reducen las barreras de entrada y fomentan la inversión en energías renovables y eficiencia fortalecen tanto la resiliencia como la competitividad.